REFLEXION  125

PORQUE LAS ARMAS DE NUESTRA CONTIENDA NO SON CARNALES SINO PODEROSAS EN DIOS PARA LA DESTRUCCIÓN DE FORTALEZAS. (II CORINTIOS 10:4).

Orfidia había nacido en un hogar religioso donde frecuentemente ofrecían a Dios sacrificar algo para solicitar de Él algún favor. Sacrificaban tiempo, comodidad, tranquilidad etc. Aplicaban costumbre humanas o del mundo para obtener algo que deseaban. Cuando niña quería un juguete y para tenerlo tenía que hacerse merecedora de él, ganando el año escolar o haciendo un oficio en la casa, costumbre común en familias que imponen normas de premios por esfuerzo. En ese ambiente se envolvía Orfidia al llegar a la iglesia cristiana y pensó que era igual. Se resistió aceptar al Señor en su corazón diciendo que nadie la haría cambiar. Estaba acostumbrada a  sacrificar algo para obtener lo que deseaba por ser la práctica común en la familia y el credo que profesaban. En la Iglesia cristiana le pidió al Señor una actividad laboral ofreciendo asear el templo por seis meses si el favor le era concedido. Su error le fue aclarado diciéndole que el Señor no cobra por las bendiciones dadas. De igual forma trataba a quien los ofendía, con la expresión: “El que la hace, la paga” la venganza era inmediata y talvez más fuerte que lo recibido. A medida que Orfidia aprendía la Biblia y las enseñanzas de la iglesia donde recientemente estaba asistiendo, se sorprendía de las normas y mandatos divinos totalmente contrarios a los que ella había aprendido toda su vida. Cuando combatía con las armas que Dios manda, sentía una tranquilidad inexplicable, una paz incomprensible para ella porque nunca la había sentido y quería disfrutarla todo el tiempo. En los momentos de oración le reclamaba a Dios por no haberla llamado antes a ser su hija, así le habría evitado muchos sinsabores.

Casi siempre en la condición en la cual nos encontramos nos sentimos cómodos y no queremos que nos aparten de nuestro confort, es lo más común, por eso nos duele tanto cuando Dios permite el cambio de oficio, de ciudad u otra condición.

Hermanos, Dios nos busca a pesar de nuestra resistencia para aceptarlo por nuestra dura cerviz y a veces no comprendemos que el Señor tiene planes específicos para cada uno de nosotros. No rechacemos el llamado del creador porque no sabemos cuánto perdemos. Debemos dejar nuestras viejas costumbres para renovarlas por las que Dios quiere que adoptemos, las teorías contrarias a las divinas, encontradas en la palabra de Dios, se reducirán a la nada. Quitémonos el velo de la ceguera espiritual de nuestros corazones y dejemos que Cristo actúe en nuestras vidas.