REFLEXION  24

BIENAVENTURADO EL HOMBRE QUE HAYA LA SABIDURÍA, Y QUE OBTIENE LA INTELIGENCIA PORQUE SU GANANCIA ES MEJOR QUE LA GANANCIA DE LA PLATA, Y SUS FRUTOS MAS QUE EL ORO PURO. (PROVERBIOS 3 – 13,14).

Dormía plácidamente en una amplia alcoba de un hotel cinco estrellas reponiendo las fuerzas perdidas  por el cansancio del día. Vinicio había hecho un viaje de negocio que le resultó muy provechoso dándole jugoso resultado en esa ciudad, se hospedó en un buen hotel como premio a su labor. Estaba extenuado al llegar y se recostó en la cama quedando profundamente dormido, soñó con cosas extrañas e inexplicables acerca de los propósitos de Dios para el hombre, aquí le mostró el creador un proyecto de vida diferente al que estaba acostumbrado y, según su modo de sentir contrario a los que soñaba, la opulencia le traía muchas satisfacciones. Todo lo que pensaba y hacía resultó fantasías comparadas con el verdadero propósito del hombre sobre la tierra. Su sueño no reflejaba sus deseos, anhelaba tener mucho dinero para darse la gran vida y se encontró soñando con  riquezas espirituales y abundante sabiduría de lo alto que opacaban los bienes materiales poseídos  que le daban cierto poder para realizar algunos objetivos propuestos. Cuando hacía buenos negocios con los que adquiría riquezas económicas, sentía una satisfacción aparente pero le invadía un vacío que no se explicaba. Al despertar le dio la interpretación que deseaba y pensó que el Señor le estaba anunciando prosperidad económica. Tenía un hermano dedicado a leer, analizar y meditar sobre la palabra de Dios quien compartió la lectura con Vinicio logrando un gran interés en él que sorprendió a toda la familia. Desde ese día era el más asiduo lector de la Biblia y así adquirió la sabiduría que el señor le había revelado en sueño. Se llenó su corazón de gozo, la felicidad en su alma era el pan de cada día, desapareció el vacío de su vida y todo fue prosperidad y regocijo.

Bella historia que enseña acerca del verdadero valor de las riquezas divinas comparadas con el dinero o piedras preciosas que el mundo aprecia con tanto anhelo.

Hermanos, el rey Salomón pidió a Dios sabiduría y le fue concedida para que gobernara con justicia su pueblo. Además de un buen gobierno, utilizando la sabiduría divina, adquirió muchas riquezas. Hoy tenemos esa sabiduría al alcance de todos en la Biblia y, adquirirla, depende del interés que pongamos en leerla, estudiarla, meditarla y entender lo que el creador quiere enseñarnos a través de esta, para aplicarla a nuestra vida. No le demos la espalda a esta inmensa riqueza regalada por Dios. Nada en el mundo tiene el valor encontrado en la sabiduría divina.